Visitando a la Abuelita
Agosto 28, 2009
En estos momentos escribo desde casa de mi abuelita en las afueras de la ciudad de Pachuca, Hgo. Ella siempre anhela la visita de sus nietos e hijos, y ahora es cuando más lo necesita, recién la semana pasada perdió a el mas pequeño de sus 11 hijos: mi tío Jorge, pero aunque tengo muchos primos y sobrinos (somos una gran familia en toda la extensión de la palabra), Dios ha puesto un impulso muy fuerte en mi corazón de pasar mas tiempo con ella y de acompañarle, quizá no para decir algo en especifico, sino para que sepa cuanto le amamos.
Esta situación me ha mostrado otra cara del pastorado: el consuelo que debe brindar el pastor a los de su propia familia. Muchas veces es fácil ser “candil de la calle y oscuridad de la casa”, sobre todo cuando la Iglesia local se vuelve muy demandante. Este no ha sido mi caso. No he tenido que ocultarme bajo una mascara de fortaleza. La Iglesia ha notado mi tristeza y me ha apoyado con sus oraciones y aun hubo quienes me suplieron en algunas actividades que yo mismo debía realizar (el hecho de estar ahora aquí es una muestra de esto).
Agradezco especialmente la compañía de mi esposa, a quien estoy esperando para que pasemos esta noche con mi abuela y parte del día de mañana (también esto es una muestra, que en verdad valoro, de su apoyo hacia mi y mi familia).
Bien, tengo que ir por Araceli, pero luego me interesa contar como es que Dios ha consolado mi corazón en estos días.
