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Lo que He Aprendido de Samuel

Samuel es un nombre común dentro del pueblo Cristiano, y confieso que para mi era un completo misterio por que tantos padres escogen este nombre para sus hijos, y lo hacen con tanto orgullo.

He comprendido esto debido a mi última clase de escuela dominical, en la que tuve una vaga idea de lo que quiere expresar Ortega y Gasset cuando dice que “el hombre es él y su circunstancia”.

Las circunstancias que tocaron a Samuel no fueron nada fáciles:

  1. Al ser el último de los jueces y primero de los profetas le corresponde ser un hombre de transición.
  2. Terminaba una etapa de decadencia, la de los jueces, y el sacerdocio no se encontraba nada bien, debido a esto el interés de la gente en la vida espiritual estaba por los suelos.

Sin embargo Samuel demuestra ser un hombre de santidad y estatura espiritual: dedicado a conocer la voluntad de Dios y a la oración por su gente sin dejar a un lado la instrucción.

Creo que las circunstancias actuales son propicias para que se levanten hombres como él. ¿Puedes ser tu uno?

Cómo Tomar Decisiones

967718_74977628La semana pasada tuve la oportunidad de aprender un concepto que fue muy revelador para mi. Tiene que ver con la forma en que tomamos decisiones.

Según este concepto, todos tomamos decisiones de manera natural por uno de los siguientes motivos: temor u orgullo (ambos completamente centrados en nosotros mismos). P. ej. Quien decide casarse para no pasar solo el resto de su vida (temor), o decide permanecer soltero para mostrar que no necesita de nadie (orgullo). Pero existe una tercer alternativa para los creyentes: la voluntad de Dios.

Creo que el mayor ejemplo que nos ha sido dado es nuestro Señor Jesucristo, quien expresa confiado en Jn. 17:4:

“Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.”

Tomamos decisiones a diario, y debemos ser lo suficientemente sabios para detenernos un momento y asegurarnos que lo que estamos a punto de hacer es la voluntad de Dios, y si esto parece imposible, podríamos por lo menos comenzar evaluando nuestras verdaderas motivaciones, ¿temor?, ¿orgullo? o la gloria de Dios.

Quizá te preguntes “y cómo se la voluntad de Dios”, bueno, ese es tema para otra entrada, por el momento basta decir que hay muchos hermanos a quienes Dios les habla a diario.

¿Qué Pide Jesús de Nosotros?

1222896_52704774Recién mi amigo Jaaziel publicó un video donde David Platt, autor del libro “Radical”, expone su punto de vista sobre cómo vivir el cristianismo. Allí el autor afirma que Jesús puede pedir de cualquiera de nosotros vender nuestras propiedades y entregar el dinero a los pobres. Es en ese “puede pedir” que quiero ahondar, que esto depende mucho de lo que hay en nuestro corazón. Me explico:

El Señor pide, a quien tiene un deseo sincero de seguirle, dejar aquello que le impide entregarse completamente a su causa, y eso es diferente en cada persona, ya que como dicen: “cada cabeza es un mundo”, y en esta diversidad cada uno tiene un “algo” diferente que ocupa el primer lugar en su vida. Es por esto que no vemos a Jesús pidiendo a todos los que se atravesaban por su camino que vendieran todo y lo dieran a los pobres. No. De hecho Lucas nos narra un episodio donde tres hombres aparentemente decididos a seguir a Jesús son confrontados, cada uno, con sus deseos más profundos (Lc. 9:57- 62):

Al primero le era necesario renunciar hasta a un lugar para descansar, al segundo a pasar un tiempo más con su padre, y al tercero aún a despedirse de sus seres queridos… Jesús aclara al último sus expectativas: “ El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no sirve para el reino de Dios.” Lc. 9:62 (DHH).

Así que lo que el Señor exige de nosotros es un compromiso total de vida, es decir, que no exista nada que nos haga volver la mirada anhelando aquello más que al mismo Cristo, su Palabra y su voluntad. Él quiere tomar su lugar como nuestro Señor.

2011: Un Nuevo Ciclo

Dicen que mas vale tarde que nunca, por lo que ya entrados en el primer mes de 2011 quiero compartir unos vv. que han sido de mucho consuelo por todo lo acontecido en 2010 y me llenan de esperanza para este 2011:

Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.  Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. 

Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré.
 

Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca.

Lam. 3:22-25 (RVR 1960)

 

Me tomo la libertad de hacer una paráfrasis (muy personal) de estos vv.

  • Si no fuera por que él ha tenido misericordia de nosotros, no hubiésemos llegado a este 2011. Lo más seguro es que hubiéramos perecido en cualquiera de los acontecimientos del año (o los años) pasados.
  • Su misericordia no se agota… ¡es como si el saldo de nuestro celular se renovara diariamente, y no cada mes!… se que el símil es muy limitado, pero la idea es que a la mañana siguiente encontraremos la misericordia de Dios completa. Nueva.
  • Aunque nosotros hemos sido infieles en muchas cosas, él no. Allí está, prometió amarnos y sostenernos hasta el final… y lo está haciendo.

Ante todo esto solo puedo decir: Gracias, Señor. Tú eres todo para mi, y por lo tanto solo en ti esperaré.

Ay de Vosotros!

Escribía un post sobre el requisito que precede al liderazgo, cuando me encontré con este otro llamado “Simplificados”, del blog Teonomía, y vi que también lo que se menciona allí es otra cualidad indispensable para todo líder actual, por lo que mereció un post aparte.

Me parece especialmente interesante, y revelador el siguiente párrafo:

“…hablar de los problemas no mata, ya que la autocrítica es siempre necesaria para la supervivencia sin caídas monstruosas, como las que vemos ahora, por ejemplo, en el otrora orgulloso mundo de las altas finanzas. Mostrar sólo lo bonito distorsiona la vista.” (Negritas añadidas por mi).

Esto es exactamente lo que necesitamos hoy en todas las esferas de nuestra vida, especialmente en la Iglesia del Señor. Jesús mismo nos muestra en Mateo cáp. 23 una lista de 7 “ayes” contra los escribas y fariseos (8 en la versión Reina Valera 1960). Se que algunos que leen esto dirán “¡Fariseos!, no puedes usar esa palabra para describir a alguien hoy en día”, pero lo cierto es que todos nosotros estamos en el peligro de caer exactamente en las mismas prácticas que ellos en su tiempo.

Al revisar las críticas denuncias que el Señor hace al sistema religioso judío,  me es necesario transcribir el comentario que  de Francis Breisch Jr. hace al respecto.

“…Jesús era un reformador. Quería conservar lo bueno y mejorar las condiciones cuando fueran malas. Respetó la posición de los maestros de la ley. Pero condenó sus malas enseñanzas y su ejemplo…” (Breisch, Francis. El Ministerio de Cristo en Jerusalén, Libros Desafío, P. 23).

Así que la denuncia no es algo que esté fuera del orden de Dios, al contrario, este era realmente el oficio de los profetas, y también vemos en el ministerio de éstos una dificultad enorme: se requiere que el corazón amonestado sea un corazón humilde para recibir las palabras con agrado y para corregir el camino (sobre estos dos asuntos véase la amonestación que el profeta Natán hace a David, y la respuesta de éste en 2 S. 12). Es difícil, mas no imposible encontrar esto en nuestro tiempo. En mi humilde opinión, creo que Jesús buscaba el arrepentimiento de los lideres judíos, pero ellos con su corazón lleno de orgullo decidieron callar esa voz dándole muerte, de la misma forma que sus padres habían hecho con los profetas (30-32).

Por otro lado, dos cualidades indispensables en el carácter en la persona que denuncia (léase un verdadero profeta contemporáneo), es un sincero amor y preocupación por el bienestar del pueblo (u organización, iglesia, etc.), y mucha, pero mucha valentía, ya que la historia se repite vez tras vez viniendo desprecio, excomunión, persecución y hasta la muerte.

Así que ambas partes deben tener lo necesario para que en lugar de conflicto, surja una nueva iglesia corrigiéndose a si misma, o como decimos otros: siempre reformándose.

El líder actual (siervo, o como se le quiera llamar) debe tener al mismo tiempo, estas mismas características: humildad para recibir la corrección y valentía para denunciar la corrupción (je, je, hizo verso ;-) ).

Así que ¿que piensas?

Cualidades de un Pastor

Ayer mi esposa y yo tuvimos la bendición de recibir en casa a Carmen y Gabriel, un matrimonio de nuestra amada iglesia madre. Ellos, entre otros, han sido nuestros mentores en la obra del ministerio.

Tuvimos la oportunidad de platicar con ellos algunas de nuestras inquietudes, y entre la plática Carmen comentaba que cuando era más joven ella tenía un modelo del pastorado muy alto. Siempre enumeraba las siguientes cualidades que debía tener todo pastor:

  1. Un excelente teólogo
  2. Un excelente evangelista
  3. Un excelente predicador
  4. Y tener mucho carisma

Además de esto, ella confiesa que se atrevía a comparar cada una de estas características con algún ministro contemporáneo, p. ej. "Un excelente predicador: como Luis Palau; un excelente evangelista como "(Poner aquí nombres de tales personajes)"; y así sucesivamente.

Desafortunadamente su iglesia ha atravesado años de malas experiencias con diversidad de pastores, y ella ha estado allí para presenciarlo todo, y no desde una perspectiva "dominical", es decir, no solamente viendo el trabajo del pastor los domingos, sino a diario, ya que ella trabaja de tiempo completo para esta iglesia.

Después de todas estas amargas experiencias su perspectiva ha cambiado radicalmente. Ahora, dice ella, cuando le preguntan "¿Qué cualidades debe tener un pastor?" ella responde

"Una sola cosa: que ame profundamente a la Iglesia del Señor".

Después de esto pensé en el error que muchos de nosotros estamos cometiendo sin darnos cuenta: pulir nuestras habilidades para sobresalir, con el pretexto de servir mejor, cuando ni siquiera nos preguntamos prioritariamente ¿Qué tanto amo a la Iglesia del Señor?, y esto inevitablemente me lleva a una segunda pregunta (que debería estar en primer lugar) ¿Qué tanto amo al Señor? Solo después de encontrar sinceramente esta respuesta podré amar a su Iglesia y servirla, o prepararme mejor para servirla.

No creo que las cualidades que ella proponía en un principio deban desecharse, debemos ser excelentes en todas estas áreas, pero debe existir una base: el amor a Cristo y a su Iglesia. Y por supuesto debe estar presente en la vida de todo servidor y líder en la iglesia. Mejor: en la vida de todo creyente.

¿Qué experiencias has tenido tú al respecto? ¿Cuál es tu modelo pastoral?

Planes

A fines de año fiscal siempre se carga el trabajo. Por un lado se debe entregar los resultados del año pasado y por otro diseñar los planes para el nuevo (o la etapa de inspiración como escribe Keila), y esto sucede tanto para la iglesia como para la organización en que colaboro.

Con todo esto me pregunto ¿realmente vale la pena hacer planes? Porque Proverbios 16:1 dice:

"Del hombre son las disposiciones del corazón; mas de Jehová es la respuesta de la lengua".

Así que cuando alguien lee esto puede pensar "Ok. Entonces no sirve de nada el hacer planes, de todas formas sucederá lo que Dios quiere que suceda…", pero analizando un poco más el capítulo me doy cuenta que el proverbista no quiere que esto sea así, sino que sigue diciendo en el v. 3:

"Encomienda al Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados"

Así que a lo que el escritor nos impulsa es a planificar, pero a hacerlo de tal forma que consideremos siempre a Dios. Encomendar a Dios nuestros planes nos lleva a considerar su voluntad, a preguntarnos "¿es esto lo que Dios quiere?" "¿a Dios le agradará que se haga aquello?", y a procurar de esta forma que todo sea para su gloria.

Saber que él es el que puede hacer realidad lo que está en nuestro corazón, y dejarlo todo en sus manos puede hacer la diferencia, y así nuestros pensamientos serán afirmados, es decir, Dios los confirmará y entonces los hará realidad.

¿Encomiendas la Señor tus planes? ¿Cómo lo haces?

Cambio de Vestido

Ayer por la tarde tuve mi reunión semanal con Daniel, un discípulo con quien he decidido probar el método "uno a uno" de discipulado. Estamos en una de las últimas etapas estudiando la carta del apóstol Pablo a los Efesios. Ayer tocó el capítulo 4.

Este encuentro ha sido muy satisfactorio (siempre lo son, ya que es muy dedicado y absorbe muy bien las enseñanzas), además es siempre muy práctico, ya que trata de explicar las enseñanzas con ejemplos cotidianos, y ayer al analizar Ef. 4:22-24 él mismo explicó estos versículos de una manera que me impactó bastante… quizá alguien más lo ha explicado antes de esta forma, pero yo nunca lo había escuchado.

Los vv. En cuestión dicen:

Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad. (NVI)

Y Daniel me decía: "… la vida que antes llevaba es como cuando una persona anda mal vestida o sucia… tengo que quitarme esa ropa, para irme cambiando poco a poco… por ejemplo: si traigo gorra, entonces debo quitármela y ponerme un bonito sombrero… pero el resto del ropaje sigue igual, así que debo continuar… si traigo una playera sucia… la cambio por una camisa… un pantalón de mezclilla por uno de vestir… los tenis por unos zapatos… y así, poco a poco, hasta que esté vestido completamente diferente.."

y luego continuó: "por eso habla de renovar la mente… porque si uno quiere vestirse diferente, es porque ha comenzado a pensar diferente". Explicaba entonces que precisamente en eso consiste la madurez: en cuanto nuestra mente va cambiando, nuestra manera de vestir (espiritualmente) va cambiando, como de la niñez a la adolescencia, y a la adultez.

Juntos concluimos que entonces el ir cambiando los elementos del vestido espiritual es lo que explican los siguientes vv. (25-32):

Airarse, mas no pecar.

No hurtar, sino trabajar para compartir.

No palabras corruptas, sino la buena para edificar.

No amargura, enojo, ira, maledicencia, ni toda malicia; sino benignos, misericordiosos, y llenos de perdón.

¿Cómo has experimentado tú estos cambios en tu vida?

El Contentamiento

Muchas veces he escuchado la frase "era del consumismo" para referirse culpar a la época actual, de la cual, decimos, somos bombardeados por miles de estímulos para tener lo último: gadgets, computadoras, automóviles, ropa, accesorios, etc. (creo que yo mismo he caído muchas veces en esa trampa, especialmente con los artículos tecnológicos).

¿A quién engañamos? La verdad es que esto no es fruto de la época, sino de nuestro propio corazón. Esta insatisfacción perpetua ha estado presente en el corazón del ser humano desde hace miles de años. Lo atestiguan varios pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, pero existe un pasaje que ha llamado mi atención de manera muy especial: 1ª Tim. 6:6-11.

"Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.

Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.

Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre."

Antes del v. 6 el Apóstol ha explicado lo que es la piedad, ahora toca el turno al contentamiento. Ambos están íntimamente relacionados… pero concentrémonos en el contentamiento. Las recomendaciones que el apóstol hace son:

  • "Nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar". Es sorprendente con cuanta facilidad olvidamos esto. Nos aferramos tan fervorosamente a las cosas de este mundo como si estuviéramos seguros de que estarán con nosotros por la eternidad. Sé que a todos nosotros nos gustaría llevarnos nuestra laptop al cielo, o nuestro iPhone, o quizá nuestros jeans favoritos, pero si ni siquiera la luz del sol será necesaria (Ap. 21:23; 22:5), menos estas cosas.
  • "Teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto". Pues así… tan sencillo, el contentamiento es estar contentos (satisfechos) con lo que se tiene. Especialmente si tenemos sustento y abrigo, las cosas esenciales para vivir. Si no tuviéramos estas cosas, entonces sí que tendríamos razón para no estar contentos.
  • "Los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición". Como decía al principio, reconozco que algunas veces he llegado a caer en esa trampa de querer siempre más… y se siente muy mal. Es como una espiral de continua insatisfacción: deseas algo que no tienes, y cuando por fin lo obtienes, la felicidad te dura un tiempo, y de repente sale algo nuevo en el mercado, y comienzas a sentir que lo que acabas de recibir ya no es suficiente… ahora necesitas lo que acaba de salir, lo nuevo, lo último. A veces se llega al extremo de no dormir, por estar pensando en cómo obtener lo que se desea. Tales son las codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición.
  • "Raíz de todos los males es el amor al dinero". Además de los males señalados arriba, se le añade la nada despreciable cifra de todos los males. Muchos son los que al sentir esa insatisfacción continua caen en pecados mayores, tales como el defraudar, robar o hasta matar para obtener lo que creen dará satisfacción a su alma.
  • "El cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores". Así que esto no es característico de los no creyentes… los creyentes estamos también en este peligro, y como dice el texto: por codiciar el dinero, algunos se han extraviado de la fe, es decir, han dejado el camino correcto. Están perdidos.
  • "Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas". Huir… no existe mejor palabra para describir lo que hay que hacer en estos casos: Huye de estas cosas… ¡¡¡No dejes que te atrapen!!!, y menos que te encierren en ese círculo del que hablábamos en el punto 3… bueno, si eres hombre (o mujer) de Dios.
  • "Y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre". Bueno, no puedes permanecer neutral, si huyes de algo, tienes que seguir a alguien… no puedes quedarte en medio de la nada; y como decía anteriormente, si eres hombre de Dios, no solo debes huir, sino seguir las 6 características que menciona el apóstol. Son la mejor manera de mantenerse en el camino y la dirección correcta.

    ¿Has caído en esta trampa alguna vez? ¿Cómo se "siguen" las cosas del punto 7? ¿Significa esto no buscar el progreso en este mundo?

  • Características Básicas de un Líder Cristiano

    Nehemías siempre ha un ejemplo de liderazgo, aunque casi siempre se toman sus características más evidentes comparto con ustedes otras que son un tanto subjetivas a lo largo de todo el libro; éstas fueron mi introducción y el tema de las conferencias en el congreso "Levantémonos y Edifiquemos" en el 2007 en la Ciudad de México.

    1. No es indiferente ante la necesidad, sino se ofrece y está dispuesto a llevar a cabo la tarea, por difícil que sea, hasta sus últimas consecuencias (1-2:10).
    2. Está seguro exactamente lo que debe hacer y por lo tanto cual debe ser el resultado final. Implica planeación, organización e inspiración, no sobre la base de su propia persona, sino sobre la de Dios (2:11-3:32).
    3. Es un ejemplo vivo ante la adversidad, un modelo de lo que Dios quiere. Se mantiene firme, muestra su fe y confianza puesta en el Dios Todopoderoso (4-6).
    4. No trabaja para sí mismo, no para su propia gloria, sino para la de Dios; no para un propósito personal, sino conforme a los propósitos de Dios (7-12).
    5. No está satisfecho sino hasta ver la obra de Dios completada. No descansa hasta que todo ha sido cumplido y la meta se ha alcanzado; y entonces glorifica a Dios (13).

    ¿Agregarías alguna otra característica basada también en Nehemías?

    El Discipulado Cristiano

    El apóstol Pablo tiene una manera muy peculiar de sintetizar lo que significa el discipulado, o mejor dicho, de explicarnos cómo es que él llevaba a cabo este trabajo.

    Todo cristiano que quiera discipular a otro debe tomar en cuenta su ejemplo, descrito en Colosenses 1:28, 29, ya que nos revela la forma, meta y recursos para este trabajo:

    1. Amonestando a todo hombre. Regañar o advertir gentilmente, poniendo en la mente del discípulo la idea de ser perfecto. Instar al discípulo a no conformarse con su estatura espiritual actual, sino a buscar la perfección (cf. Hebreos 6:1).
    2. Enseñando a todo hombre en toda sabiduría. Instruir de forma que el alumno sepa tomar sus propias decisiones. No se trata de crear un robot dependiente de las órdenes del maestro, sino que aprenda a usar su propio criterio la sabiduría según Cristo.
    3. A fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre. El maestro debe trabajar como un artesano sobre su vasija, pacientemente, moldeando cada parte a fin de que ésta sea lo más parecida posible al modelo (Jesucristo); además debe hacerlo cuidadosa y constantemente ya que debe presentar este "producto terminado" ante el Señor.
    4. Para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, que actúa poderosamente en mí. El maestro no debe depender de su propia sabiduría y autoridad para moldear la vida del alumno, sino de la sabiduría y autoridad que le delega el Señor.

    Lamento decir que según mi experiencia personal, no veo mucho de este tipo de trabajo. ¿Cuáles son tus experiencias? ¿Agregarías algo más a esta lista?

    Consejos para los Colaboradores en el Ministerio: 1ª Cr. 19:9

    Josafat fue un rey esforzado y preocupado por su pueblo. No era el típico rey que nos imaginamos todo el día sentado en su trono, rodeado de lujos y esperando a que la gente acudiera a él. Él era un "rey – pastor"; he aquí el porqué:

    "Aunque Josafat vivía en Jerusalén, salía a visitar a su pueblo, desde Beerseba, hasta la región montañosa de Efraín, para hacerlos volver al Señor, Dios de sus antepasados…" 1ª Cr. 19:4 (PDT).

    Realmente era un trabajo arduo.

    Pero tampoco quería hacerlo todo solo. Sino que se dio a la tarea de establecer jueces en cada ciudad fortificada de Judá.

    Al momento de solicitar a algunos de su compatriotas su apoyo en el ministerio de juzgar, les ordena que sirvan con tres características: "respeto al Señor, fidelidad e integridad" (PDT).

    1. Respeto al Señor. La v. 1960 traduce "temor al Señor". Recuerdo que cuando era niño, bastaba una frase para corregir nuestro mal comportamiento: "acuérdate que Dios te está viendo". Qué diferencia tan grande traería a nuestra forma de vivir y de servir al Señor si mantuviéramos siempre esto en mente, ya que aunque decimos creer en la omnipresencia y omnisciencia de Dios a veces no actuamos en consecuencia. Un rey tiene la autoridad para recompensar y castigar la conducta de sus súbditos… cuanto más nuestro Rey celestial.
    2. Fidelidad. Cuando se tiene un lugar de autoridad muchos tratan de poner sus propias reglas. La orden para los jueces colaboradores era ser fieles (palabra que también puede traducirse del hebreo como firmeza o lealtad), pero ¿lealtad a qué o quién? A Dios, y más precisamente a la ley de Dios. Era importante que ellos conocieran ley de Dios, pero más importante aún era que se mantuvieran fieles a ella, debían actuar conforme a lo escrito en ella. Ese era su parámetro para juzgar, no su propia opinión ni sus propias reglas, así aseguraban un desempeño correcto de su ministerio: hacer que el pueblo volviera al Señor.
    3. Integridad. Literalmente un corazón completo (lebáb shalém); o con todo el corazón. Su corazón no podía estar dividido. No debían albergar otros intereses en su corazón, únicamente servir a Dios y servir a su pueblo. Esta debía ser su principal única preocupación. Esto conlleva disposición, una entrega total hacia la tarea que ahora ellos tenían en sus manos.

    Hagamos de estas tres características nuestro estilo del ministerio.

    4 Requisitos Para el Liderazgo Cristiano

    Inspirado en las recomendaciones del Apóstol Pablo a Timoteo y Tito, y algunas hechas por Spurgeon varios siglos después, comparto con ustedes una breve lista de las que considero 4 características fundamentales de quien desea ocupar un lugar de responsabilidad en el servicio cristiano:

    1. Llamado. Debe sentir un fuerte impulso interior por la tarea a realizar. Que sienta que irremediablemente TIENE que hacerlo.
    2. Dones. Debe mostrar habilidades naturales, no completamente perfeccionadas, pero si cierta FACILIDAD para la tarea.
    3. Integridad. Debe llevar una vida privada acorde con su llamado, es decir, IRREPRENSIBLE (1ª Tim. 3:2) o intachable. Como lo ha expresado un gran evangelista moderno "en la vida secreta está el secreto".
    4. Humildad. "Que no tenga un concepto más alto de sí que el que deba tener…" (Ro. 12:3); que sepa que el lugar que ocupa le ha sido dado por Dios para SERVIR… a Él y a los suyos.

    Aunque me es interesante que algunos personajes como Jeremías, no se sentían capaces de llevar a cabo la obra; y otros como Jonás, no sentían el llamado para hacerlo… ¿Qué nos enseña esto?… que muchas veces Dios obra a través de nosotros a pesar de nosotros.



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