Visto en La Guarida del Perro. Gracias por compartirlo.

Todo es por Gracia

Octubre 18, 2009

“Las buenas obras son como un niño dando un regalo a sus padres, pero el regalo ha sido comprado con lo que el niño ha recibido de sus padres.”

- Soren Kierkegaard

Un compañero del Seminario me envió por mail la siguiente cronología de sus propias vivencias (común a las de muchos de nosotros) de lo acontecido en la última semana en la Ciudad de México. He pedido su autorización y así la comparto con ustedes:

Un diario sobre la primera semana

Por Charcosombrío

24 de abril de 2009. Desde la pantalla televisiva se anunciaba un mensaje del Gobierno Federal que interrumpiría momentáneamente mi programa favorito. El Secretario de Salud José Ángel Córdova Villalobos (en ese momento no sospechaba que pronto se convertiría en el personaje que más esperaría ver en mi “tele” desde los tiempos del tío Gamboín) anunciaba la expansión de un virus de la influenza el cual obligaba a cerrar las escuelas el día de mañana, viernes 25.

Viernes por la mañana. En aquel momento pocos lográbamos entender la magnitud de la enfermedad que estaba apareciendo en nuestro país y el cierre de mi Universidad era lo que más me preocupaba. Por las calles se dejaban ver los primeros avisados quienes ya portaban cubrebocas; muy pocos, comparados con los que generaría la pronta aparición de la “fiebre de los cubrebocas” que en un par de días terminaría por agotar la existencia de estos artículos antes sólo pensados como objetos para enfermeras, pero que, si en algún momento lo necesitara, siempre habría alguno. Recuerdo haber utilizado un cubrebocas alguna vez debido a un gato que había en un café internet; soy alérgico al pelo de gato y en aquella ocasión me costo cincuenta centavos. El último que he comprado me quitó dos pesos de encima.

Sábado por la tarde. Con un asombro del cual tarde un tiempo en reponerme, José Ángel Córdova Villalobos, por las facultades que su cargo le confiere, mandaba cerrar para el día domingo teatros, cines y demás lugares concurridos, incluidos ¡los templos!, y la continuación de la suspensión de clases hasta el miércoles 6 de mayo. Más de cinco veces le pregunté a Laura si como yo había escuchado una disparatada disposición de cerrar los templos. Tras más de cinco pacientes confirmaciones agradecí no haber escuchado sendo mensaje sólo pues aún creía que todo era producto de mi imaginación. Pero fueron las lágrimas de los miembros de la sociedad intermedia Nazir, porque precisamente ese domingo celebrarían su tercer aniversario, las que me hicieron poner los pies en la tierra y comenzar a ponderar lo que estaba ocurriendo. Poco a poco me fui alejando del zaguán blanco que lucía ya una gran pancarta fosforescente con la leyenda “Por disposición de la Secretaría de Salud se suspenden las actividades del domingo 26”.

¡Qué triste escena era aquella!, un templo, lugar de descanso y de oraciones, de confianza a Dios, a donde la gente puede recurrir en momentos de caos y de catástrofes, se encontraba anunciando que el día de mañana no podría ofrecer un espacio de fe, ni de confianza, ni de desahogo. Dentro de nuestro templo se encontraba un grupo de jóvenes recogiendo sus coloridos globos que decoraban el contorno de la puerta de la nave, repartiéndose la comida que nunca se cocinó y teniendo pena por un pastel que no tuvo fiesta.

Domingo, ese domingo. Con gran decepción pude constatar como en medio de esta crisis sanitaria se puso de manifiesto la “invisibilidad de los protestantes” (término acuñado con precisión por Carlos Monsiváis) y de las demás minorías religiosas frente a la hegemonía católica. Desde el sábado 25 y en la mañana del domingo 26, en los diversos medios masivos de comunicación (mass media) se daba la noticia de la suspensión de las “misas”, sin ninguna referencia a lo que ocurriría en las otras iglesias como la de los mormones, los hare krishna, o los diversos grupos evangélicos. Contundentemente el domingo por la mañana una locutora radial declaró que se hablaba de lo que ocurría en los templos de la iglesia católica debido a que era la “religión” dominante en el país: Una triste nota que nos canta melancólicamente lo poco que se ha avanzado en la cuestión de la tolerancia religiosa, y el reconocimiento público de la diversidad religiosa en el país.

- No es cuestión de discriminación – me espetaba una semana después alguna telefonista de Radio Red cuando me decía que si no habían dicho qué ocurría en los templos no católicos – ni ese domingo ni toda la semana posterior – era porque ninguna iglesia no católica había dado algún comunicado oficial sobre las actividades en sus templo, como sí lo habían venido haciendo las diversas diócesis de la República Mexicana. Como sea, no se tomo la molestia de pasar mi comentario al aire, pues era evidente que para los grupos no católicos eran suficientes los comunicados locales que realizaran sus iglesias que no se comunican con los mass media. Me pregunto qué sería del periodismo si sólo pasaran las noticias que llegan a ellos, y no se dedicaran a investigar, incluso donde no se quiere que se investigue.

Lo cierto es que el domingo 26, los templos católicos permanecieron abiertos, sin celebrar en la mayoría de ellos misas sino sólo recibiendo fieles en oración. En la Basílica sí hubo una misa a las ocho de la mañana y en otros lugares de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) también se registraron capillas pequeñas celebrando misas. En la estación radiofónica 1440, el pastor Arturo Cruz Ontiveros anunció el sábado por la noche que en la iglesia pentecostal Mahanaim, actualmente bajo su liderazgo, se cambiaba el culto dominical por una reunión de oración de intercesión. En otros templos evangélicos se celebraron cultos matutinos de 45 minutos o una hora y suspendiendo las actividades vespertinas. Muchos otros sí cerraron por completo, al igual que las estacas mormonas, como la de Centenario, frente al Metro Martín Carrera, que anunciaba con cartulinas la suspensión de labores hasta nuevo aviso. El Presbiterio Juan Calvino, de la Iglesia Nacional Presbiteriana, mandó un comunicado para sugerir la suspensión de cultos en todo su campo, aunque respetando la autonomía de las iglesias locales.

Lunes. Perdido en mis pensamientos miraba los guantes de látex que se aferraban al tubo de un vagón del metro, mis manos ya tenían varios minutos sudando, pero ante la preocupación por el entonces llamado virus de la influenza porcina, el sudor parecía un mal menor. El siquiatra Lester Coleman tenía razón cuando afirmó que “las estadísticas son herramientas para el incremento del miedo”, pues conforme la Secretaria de Salud daba las primeras y confusas numeralias esta epidemia parecía crecer avasalladoramente sobre la Ciudad de México y el resto del país. Por la tarde nos enterábamos de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) había elevado la Alerta Pandémica (¡por Dios!, ¿existía algo así?) de fase 3 – en la cual nos encontrábamos sin saberlo muchos – a fase 4.

Martes. –Es que están derribando el edificio de aquí en frente – decía con sonrisa nerviosa José Ángel Córdova Villalobos, “un favorito de la familia mexicana” según el oportuno calificativo de Brozo, como intentando convencerse a sí mismo durante una de sus esperadas conferencias de prensa. Pero no había ninguna obra de demolición, las lámparas bailando por toda la ciudad, y el mareo colectivo de sus habitantes daban cuenta de algo que nos debimos haber esperado, pues justo en el momento en el cual decíamos que las cosas ya no se podían poner peor… ¡estaba temblando!

- ¿Sabes qué le dijo la Ciudad de México a la influenza? – se podía leer algunas horas más tarde en varios blogs de internet – ¡huy sí, mira cómo tiemblo!

Enrique Ávila Segura, director de la Confederación de Porcicultores Mexicanos en entrevista radiofónica declaró con contundencia que recientes avances en las investigaciones sobre el virus lo están llamando “influenza norteamericana” (entrevista del día 28/04/2009 en Formato 21, 790 A.M). Enrique Ávila sabía que el descenso de la compra de carne de puerco se debía a que el calificativo de “porcina” hacia considerar a las carnitas, chicharrón y demás sabrosos platillos hechos con carne de puerco como transmisores de este tipo de influenza. Así mismo el lunes 27 de abril la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) había solicitado que por no haberse podido aislar el virus en animales, debe, a semejanza de la influenza española o la gripe asiática, recibir su nombre en base a su origen geográfico y no en referencia a un sospechoso animal hospedador (http://www.eluniversal.com.mx, consultado el 28/04/2009). “Influenza norteamericana” e incluso “Influenza mexicana” no eran tampoco rutas económicamente sanas pues pasarían a afectar ya no sólo a un sector productivo sino a toda una zona geográfica. Hoy en día se le está llamando influenza humana o aún mejor influenza A-H1N1

Miércoles. El cierre de los restoranes en todo el Distrito Federal y la descomunal perdida económica que esto representa no sólo para los dueños de los locales, sino también para los empleados y demás sectores que abastecen de comida, utensilios y servicios de seguridad a estos lugares se sumó a los daños que la todavía llamada influenza porcina estaba provocando en la ciudad. En el resto del país aparecían nuevos casos y el número de los muertos todavía no estaba confirmado, se manejaban cifras erróneas que iban desde 26 hasta 149. En Estados Unidos también se estaban reportando casos y la palabra “sospecha” se convertía en el leit motiv, en la constante lingüística del mundo entero. Por la tarde Margaret Chan, Directora de la Organización Mundial de la Salud dictaminaba la elevación de la alerta pandémica de fase 4 – en la que recién nos estábamos estrenando – a fase 5. Que esta alerta es global y que no representa que la enfermedad esté cundiendo en México, sino que se esté expandiendo en otros países del mundo (un cruel alivio) tardó en ser comprendida por los mexicanos.

Jueves. Las pruebas de casos sospechosos arrojaban sus primeros resultados comprobados. Siete muertos eran los confirmados. Pero existía mucha reticencia por dar más variables estadísticas como género, estatus social, lugar de origen, etc. Se anunció el que se conocería más tarde como “el puente de la influenza” y del 1 al 5 de mayo todas las “actividades no esenciales para el país” quedaban suspendidas. Desde luego entre ellas se encontraban los servicios religiosos, a diferencia de los partidos de futbol de la jornada 16 que se llevarían a cabo a puerta cerrada. 22 jugadores en la cancha más un árbitro, más 4 jueces de línea, más 2 directores técnicos, más las reservas de ambos equipos y los numerosos reporteros televisivos que se congregan en los estadios sin publico son menos riesgosos y más “esenciales” para el país que los 20 a 25 miembros promedio que se reúnen en la mayoría de los templos evangélicos y en lo demás templos de diversos grupos religiosos en México.

Viernes. Se cumplía una semana de que la Ciudad de México vivía en contingencia sanitaria. “¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa!” (Lamentaciones 1.1) era la mejor descripción para el Distrito Federal. Una semana había sido suficiente para transformar drásticamente el rostro de México. Saludos a distancia, sospecha aterradora para quien se atreva a estornudar o toser en un pesero o en el metro, inspección constante de nuestro cuerpo para descartar cualquier síntoma de influenza y un miedo que te llega hasta el gaznate se comenzaban a convertir en cotidianidad. Los “ateos de la influenza” se comenzaban a quedar sin argumentos metafísicos para negar la existencia de la epidemia, aunque su recalcitrante suspicacia perdurará mucho, mucho tiempo.

Bajo la cálida luz del sol que atraviesa la ventana de mi departamento pasaba la página 747 de la quinta entrega de J.K Rowling, Harry Potter y la Orden del Fénix, una evidencia de lo ajetreada que había resultado esta primera semana de contingencia epidémica. Mientras Harry resolvía su examen TIMO de “Historia de la magia” yo me preguntaba qué sería del futuro.

***

Esta primera semana de alerta sanitaria por la ahora oficialmente “influenza humana” ha cambiado irreversiblemente la vida en esta ciudad y lo único constante que ha quedado es este deseo creciente, incontenible, irrefrenable, que surge desde las más remotas entrañas: “espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (Salmo 43.5)

Lo que un ministro es de rodillas delante del Dios Todopoderoso en secreto, eso es y nada mas.

- John Owen

Anoche tuvimos la celebración de año nuevo. Como siempre fue para mi un momento de meditación en las bendiciones de Dios durante el año que termina y tracé las metas y propósitos para el nuevo, poniéndolo también en las manos de Dios.

Esta vez mi esposa y yo tuvimos una reflexión especial basada en el Salmo 107 en la versión PDT, que hemos tomado para nuestros devocionales diarios. Disfruta de su lectura, toma tu tiempo y medita en él, y que sirva también para considerar las grandes maravillas que Dios ha hecho en tu vida. Si quieres puedes compartirlas aquí.

¡Bendiciones, y feliz 2009!

Salmo 107

1 Den gracias al Señor porque él es bueno; su fiel amor dura para siempre.
2 Díganlo los que el Señor ha salvado; que lo repitan los que el Señor rescató de sus enemigos,
3 los que reunió de oriente a occidente y de sura a norte.
4 Ellos vagaban por el desierto buscando una ciudad donde vivir, pero no la encontraban
5 Estaban débiles a causa del hambre y la sed, y a punto de morir.
6 Entonces en su angustia pidieron ayuda al Señor, y él los libró de sus dificultades.
7 Dios los llevó directo a la ciudad donde vivirían.
8 Que agradezcan al Señor por su fiel amor, y porque él hace hasta lo imposible a favor de los seres humanos.
9 Dios calma la sed del sediento, y le da comida al que tiene hambre.
10 Se encontraban en la más profunda oscuridad, presos, deprimidos y encadenados.
11 Es que se habían rebelado contra los mandatos de Dios; rechazaron el consejo del Altísimo.
12 Dios los hizo sufrir por lo que hicieron; tropezaron y cayeron, y no hubo nadie que los ayudara a levantarse.
13 Entonces en su angustia pidieron ayuda al Señor, y él los libró de sus dificultades.
14 Dios los sacó de esa profunda oscuridad y rompió sus cadenas.
15 Que agradezcan al Señor por su fiel amor, y porque él hace hasta lo imposible a favor de los seres humanos.
16 Agradézcanle porque derribó puertas de bronce y partió barras de hierro para liberarlos.
17 Algunos tontos se rebelaron contra Dios y sufrieron las consecuencias del mal que hicieron.
18 Su estómago rechazó todo alimento y por poco mueren.
19 Entonces en su angustia pidieron ayuda al Señor y él los libró de sus sufrimientos.
20 Dios dio la orden y los sanó, los libró de la muerte.
21 Que agradezcan al Señor por su fiel amor, y porque él hace hasta lo imposible a favor de los seres humanos.
22 Presenten ofrendas de agradecimiento al Señor y cuenten con gritos de alegría lo que ha hecho.
23 Hubo quienes salieron a cruzar el mar en barcos; se fueron a atravesar el océano para comerciar,
24 y vieron en alta mar las maravillas que hace el Señor.
25 Dios dio la orden y se desató una tormenta, las olas se hicieron cada vez más grandes;
26 fueron levantados hasta el cielo y arrojados a lo profundo del mar. Se marearon y vomitaron mucho;
27 resbalaban y caían como si estuvieran borrachos; de nada les servía su habilidad de navegantes.
28 Entonces en su angustia pidieron ayuda al Señor y él los libró de sus dificultades.
29 Cambió la tempestad en brisa; calmó las olas.
30 Se alegraron al ver el mar calmado, y Dios los guió al puerto deseado.
31 Que agradezcan al Señor por su fiel amor, y porque él hace hasta lo imposible a favor de los seres humanos.
32 Alaben al Señor en el templo; alábenlo cuando se reúnan los líderes del pueblo.
33 Dios convirtió los ríos en desiertos, secó los manantiales.
34 Él convirtió la tierra fértil en tierra salitrosa por causa de la maldad de sus habitantes.
35 Pero también convirtió el desierto en laguna, e hizo salir manantiales de la tierra seca.
36 Llevó a esa tierra a los que estaban hambrientos, y allí ellos fundaron una ciudad para vivir.
37 Sembraron en sus campos, plantaron viñedos y tuvieron buenas cosechas.
38 Dios los bendijo, crecieron en número y su ganado no disminuyó.
39 Pero si mueren y su número disminuye es debido a la opresión, los males y el dolor.
40 Dios avergonzó a sus líderes y los hizo vagar por un desierto sin camino.
41 Pero rescató al necesitado de su aflicción e hizo crecer a sus familias como rebaños.
42 La gente honesta se da cuenta de esto y se alegra, pero los injustos no saben qué decir.
43 ¿Quién es sabio? El que tiene presente estas historias y entiende el fiel amor del Señor.

Una Nueva Oportunidad

Diciembre 30, 2008

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Estando en casa de unos familiares en la ciudad de Pachuca el pasado 25 de diciembre, revisé algunos de los libros en su sala (un feo hábito mío), y encontré un libro llamado “Fuerza para Hoy”, una especie de devocionario diario, escrito por el Pbro. Marcelino Ortíz.

“Una Nueva Oportunidad” corresponde al 1º de enero… espero les guste:

“Leí, en alguna parte, de autor desconocido, el siguiente pensamiento, que me ha hecho reflexionar, y lo mismo espero de cada uno de los estimables lectores.

Se acercó a mi pupitre con labios temblorosos.
La lección había terminado.
“¿Tiene una hoja nueva para mi, maestro?
Esta la he arruinado.”
Tomé su hoja sucia y borroneada,
y le di otra, nueva, inmaculada.
Luego, sonriendo, háblele al corazón, así:
“Ahora, hijo mío, hazlo mejor.”
Me llegué hasta el trono con corazón tembloroso.
El año había terminado.
“¿Tiene un Año Nuevo para mi, Maestro querido?
Pues éste lo he arruinado.”
Tomó mi año, todo sucio y borroneado,
Y diome uno nuevo, inmaculado.
Luego, sonriendo, habló a mi corazón así:
“Ahora, hijo mío, hazlo mejor.”
Dios -en su providencia y sabiduría- nos da un año nuevo, inmaculado. ¿Actuaremos mejor que en el anterior?
Tu tienes la respuesta, lector querido.”

Disfruten de un nuevo año lleno de oportunidades!

Derechos Humanos

Noviembre 2, 2008

Hay quien considera que el ser humano no tiene derechos, argumentando que  los ha perdido todos en la caída. Personalmente creo que el hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios (Gén. 1; Sal. 8) es suficiente para brindarle protección; además a pesar de la caída Dios sigue mostrando su misericordia cuidándole (atestiguado entre otras cosas al ser Dios mismo quien les cubre con pieles de animales  en Gén. 3:21); también basta leer el Levítico y sus diferentes leyes para proteger a diversos sectores de la sociedad Israelita y a los extranjeros. Así todo el que se diga ser pueblo de Dios tiene también la misma encomienda.

Da gusto saber que actualmente la comunidad cristiana lanza iniciativas como Proyecto Booz o Pez Mundial, que entre otras, no solo se preocupan, sino que accionan, tomando en serio el llamado a ser sal y luz en la sociedad a través de estas buenas obras.

Aquí dejo esta excelente presentación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Vía Alt1040


¿Quién soy? – Me preguntan a menudo –,

Que salgo de mi celda,

Sereno, risueño y firme,

Como un noble en su palacio.

¿Quién soy? – Me preguntan a menudo –,

Que hablo con los carceleros,

Libre, amistosa y francamente,

Como si mandase yo.

¿Quién soy? – Me preguntan también –

Que soporto los días de infortunio

Con indiferencia, sonrisa y orgullo,

Como alguien acostumbrado a vencer.

¿Soy realmente lo que otros afirman de mí?

¿O bien solo soy lo que yo mismo se de mí?

Intranquilo, ansioso, enfermo, cual pajarillo enjaulado,

Pugnando por poder respirar, como si alguien

Me oprimiese la garganta,

Hambriento de olores, de flores, de cantos de aves,

Sediento de buenas palabras y de proximidad humana,

Temblando de cólera ante la arbitrariedad y el menor agravio,

Agitado por la espera de grandes cosas,

Impotente y temeroso por los amigos en la infinita lejanía,

Cansado y vacio para orar, pensar y crear,

Agotado y dispuesto a despedirme de todo.

¿Quién soy? ¿Éste o aquel?

¿Seré hoy éste, mañana otro?

¿Seré los dos a la vez? Ante los hombres, un hipócrita,

Y ante mí mismo, un despreciable y quejumbroso débil?

¿O bien, lo que aún queda en mi se asemeja al ejército batido

Que se retira desordenado ante la victoria que creía segura?

¿Quién soy? Las preguntas solitarias se burlan de mí.

Sea quien sea, tú me conoces, tuyo soy, ¡Oh, Dios!