Ayer mi esposa y yo tuvimos la bendición de recibir en casa a Carmen y Gabriel, un matrimonio de nuestra amada iglesia madre. Ellos, entre otros, han sido nuestros mentores en la obra del ministerio.
Tuvimos la oportunidad de platicar con ellos algunas de nuestras inquietudes, y entre la plática Carmen comentaba que cuando era más joven ella tenía un modelo del pastorado muy alto. Siempre enumeraba las siguientes cualidades que debía tener todo pastor:
- Un excelente teólogo
- Un excelente evangelista
- Un excelente predicador
- Y tener mucho carisma
Además de esto, ella confiesa que se atrevía a comparar cada una de estas características con algún ministro contemporáneo, p. ej. "Un excelente predicador: como Luis Palau; un excelente evangelista como "(Poner aquí nombres de tales personajes)"; y así sucesivamente.
Desafortunadamente su iglesia ha atravesado años de malas experiencias con diversidad de pastores, y ella ha estado allí para presenciarlo todo, y no desde una perspectiva "dominical", es decir, no solamente viendo el trabajo del pastor los domingos, sino a diario, ya que ella trabaja de tiempo completo para esta iglesia.
Después de todas estas amargas experiencias su perspectiva ha cambiado radicalmente. Ahora, dice ella, cuando le preguntan "¿Qué cualidades debe tener un pastor?" ella responde
"Una sola cosa: que ame profundamente a la Iglesia del Señor".
Después de esto pensé en el error que muchos de nosotros estamos cometiendo sin darnos cuenta: pulir nuestras habilidades para sobresalir, con el pretexto de servir mejor, cuando ni siquiera nos preguntamos prioritariamente ¿Qué tanto amo a la Iglesia del Señor?, y esto inevitablemente me lleva a una segunda pregunta (que debería estar en primer lugar) ¿Qué tanto amo al Señor? Solo después de encontrar sinceramente esta respuesta podré amar a su Iglesia y servirla, o prepararme mejor para servirla.
No creo que las cualidades que ella proponía en un principio deban desecharse, debemos ser excelentes en todas estas áreas, pero debe existir una base: el amor a Cristo y a su Iglesia. Y por supuesto debe estar presente en la vida de todo servidor y líder en la iglesia. Mejor: en la vida de todo creyente.
¿Qué experiencias has tenido tú al respecto? ¿Cuál es tu modelo pastoral?


